La Tierra, el templo

Triángulo apuntando hacia abajo, con una línea:
Símbolo de la tierra, el centro del templo, la plenitud integrada.
Llegaste hasta acá porque aprendiste sobre el deseo, sobre el desgaste y sobre el desprendimiento. No importa el camino, el centro es el mismo.
Es el destino del viaje.
Y se siente bien.
Estar en el templo es vivir con la respiración suelta. Es una disposición de fondo: lo que hacés brota de vos naturalmente, sin la urgencia de explicar y sin el apuro de llegar.
Entendés algo que te puede sonar obvio pero que es profundamente revelador: el templo eras vos mismo, desde siempre. Vos en silencio con vos mismo. Vos respirando con el mundo. Vos siendo, sin personajes y sin urgencias prestadas.
Aunque mirabas hacia afuera, aunque creías estar viajando, estuviste siempre en tu casa.
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