Anexo — No es fácil escuchar

El primer paso es dejar de hablar

Y no es tan sencillo como podría parecer. Las personas tenemos, por naturaleza, necesidad de hacernos oír, de llegar al otro con nuestras ideas, pensamientos y sentimientos. Queremos que nos entiendan, necesitamos ser entendidos.

Desprendernos de esa necesidad es desprendernos de algo muy propio, muy enraizado y muy practicado. Es un impulso casi vital.

¿Cómo se hace para dejar de hablar?

Hay que desandar la necesidad de transmitir y de llegar al otro y que nos entienda. Se la desanda muy fácilmente, muy difícilmente:

Dejando caer la necesidad.

Las necesidades se dejan caer cuando se las observa y se las comprende en su naturaleza más esencial. Y el embrión de esa necesidad nació cuando éramos bebés y luego niños y buscábamos la atención de nuestros padres. Clarísimo, ¿verdad? Bueno, ya no somos niños. ¿La atención de quién estamos buscando? ¿La aprobación de quién?

Me dirás que en un diálogo laboral o incluso familiar, cuando hay un desacuerdo hay que proponer el punto de vista propio y para eso hay que hablar y hacerse escuchar. Y yo te responderé: No hace falta. Cuando escuches claramente con escucha activa y precisa lo que el otro tiene para decir, notarás, más de la mitad de las veces, que no necesitás transmitir nada. Generalmente dos o más personas que comparten su ambiente de trabajo o familiar tienen puntos de vista muy parecidos respecto de lo que resulta conveniente para todos los involucrados. Y la otra mitad de las veces, notarás que el otro, sabiéndose bien escuchado, estará más dispuesto a callar a su vez y tendrás tu oportunidad de expresarte sin tener que batallar por el “espacio de aire”.

Esto funciona como la matemática. 2 + 2 = 4. Siempre. Confiá, probá y comprobá.

El segundo paso es comprender la mecánica de la escucha

El transmisor

Cuando una persona tuvo una idea que desea transmitir, esa idea viaja por su mente transformándose en palabras que luego emite con su boca. Y las palabras que dice muchas veces no tienen nada que ver con la idea que tuvo.

Me explico:

  1. Nacimiento de la idea,

mensaje original

  • Procesamiento en su mente
  • Verbalización, lenguaje
  • Mensaje expresado

Vamos entonces por partes:

  1. El mensaje original nace como una idea en la mente. Esto es lo que idealmente el transmisor desea comunicar.
  2. En su cerebro, el mensaje toma forma filtrado por sus modelos mentales y prejuicios. Utilizo siempre acá el ejemplo de quien tiene lentes con agujeros de forma de circulitos y solo puede ver circulitos. Si le muestran cuadraditos no los ve. En la medida en que la persona que transmite tiene más modelos mentales y menos prejuicios puede darle forma al mensaje con mayor libertad. Y con mayor precisión. Pero es una persona, es un ser humano, tiene modelos mentales y tiene prejuicios… aunque sean pocos y en apariencia inofensivos.
  3. La verbalización depende de las palabras que esa persona tiene a su disposición. El principal condicionante es el idioma, solo puede hablar en el lenguaje que conoce. Pero aún en ese idioma, posee el manejo de una cantidad de palabras que no es la totalidad de las disponibles en el diccionario. Esta cantidad de palabras depende de cuánto leyó durante su vida, de cuánto estudió y del ambiente en el que se crio, familia y comunidad.

En castellano, una estimación rápida obtenida de Internet ofrece los siguientes datos:

Se distingue entre el vocabulario activo (palabras que se usan regularmente al hablar o escribir) y el vocabulario pasivo (palabras que se comprenden, pero no se usan con frecuencia). Promediando ambos criterios, se puede decir que aproximadamente…

  1. Para una comunicación básica y funcional en la mayoría de las situaciones cotidianas, se estima que una persona necesita conocer entre 500 y 1.000 palabras. Con este vocabulario, puede entender y hacerse entender en contextos simples.
  2. Al finalizar la educación primaria, los niños y jóvenes han adquirido un vocabulario que les permite comprender textos y conversaciones más complejas que las de la comunicación básica. Aunque las cifras varían, se podría estimar un rango de entre 3.000 y 5.000 palabras en su vocabulario activo y pasivo.
  3. Una persona con secundario completo habrá ampliado significativamente su vocabulario, exponiéndose a una mayor variedad de temas y conceptos. Se estima que puede manejar entre 8.000 y 15.000 palabras, incluyendo términos más técnicos o abstractos.
  4. Los profesionales y graduados universitarios, al estar expuestos a lecturas académicas y especializadas, desarrollan un vocabulario mucho más amplio. Una persona con formación universitaria completa puede tener un vocabulario de 20.000 a 30.000 palabras o más. Esto incluye un gran número de términos especializados de su área de estudio.
  5. La lectura frecuente es uno de los factores más determinantes en la expansión del vocabulario, superando incluso la educación formal en algunos aspectos. Las personas que leen regularmente, sin importar su formación educativa inicial, pueden acumular un vocabulario considerablemente mayor que sus pares no lectores; los lectores frecuentes tienden a tener un vocabulario pasivo y activo que puede alcanzar o superar las 40.000 a 50.000 palabras.
  6. El mensaje expresado ha atravesado varios filtros, ya no es el mensaje original que la persona deseaba transmitir.

El canal

Una vez que el mensaje sale de la boca del transmisor ingresa en un canal de transmisión que muchas veces recibe “ruido” que lo distorsiona inevitablemente. Si es una comunicación en la calle, el ruido de los autos que pasan; en una reunión, las conversaciones simultáneas de otras personas, en el teléfono, las interrupciones de línea y demás. Llamaremos a este ruido con el número 5.

El receptor

El receptor escucha el mensaje que fue transmitido por el canal y lo recibe por sus oídos, lo procesa con su cerebro y lo almacena en su mente.

Nuevamente un breve análisis:

  • El mensaje que recibe el receptor viene de atravesar el canal de comunicación y ya es imperfecto, tal como sabíamos. Pero ahora se agrega el problema de cuáles de las palabras que escucha puede comprender, y cuántas. Lenguaje (idioma) en juego, y nivel de educación y frecuencia de lectura son los factores a considerar.
  • En su cerebro, al igual que en el modelo anterior, el mensaje toma forma filtrado por sus modelos mentales y prejuicios. Y el receptor también es una persona, tiene modelos mentales y tiene prejuicios… aunque sean pocos y en apariencia inofensivos.
  • ¿Qué mensaje comprendió?

El modelo completo:

Y esto es ida y vuelta, es diálogo. Se enturbia en cada pasada y nos preguntamos por qué razón la gente encuentra dificultades para entenderse…

El tercer paso es hacer de la escucha un hábito

Esta parte no es difícil porque, si completaste los pasos uno y dos, de a poco fuiste sembrando la semilla del hábito de escuchar.

Muchas veces te va a surgir desde el estómago una necesidad imperiosa de hablar y decir lo que tenés adentro. Eso sí es un elemento para domar. Tenés que aprender a callarte. Calladito sos más bonito…

Conclusión sobre la escucha: repreguntar

He aprendido a repreguntar. Cuando no entiendo o creo que no entiendo lo que mi interlocutor quiere transmitir, o cuando veo que se siente incomprendido, repregunto. Y repregunto. De tanto intentar la transmisión del mensaje original, finalmente llega, esto es lo importante. Se llama escucha activa. Esto que te transmito es lo que me pasó a mí. Tal cual, paso por paso, ingrediente por ingrediente, receta por receta. Todo lo que digo funciona porque lo he probado y ha funcionado como un reloj conmigo. Animate, probá y comprobá.

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