Anexo — Meditación

Una vez que aprendiste a relajarte, como lo describimos en un anexo anterior, y estando en ese estado de quietud, podés meditar.

¿Qué es meditar?

Es imaginar, es pensar, es desear, es esperar, es repasar, es recrear, es rezar también.

La meditación es mucho más que una postura o una una técnica: es una forma de estar.

Las posibilidades son tan amplias que forzosamente tengo que ser breve acá e invitarte a que lo investigues por tu cuenta. Encontrá aquellas formas de meditar que sean afines a vos, los estilos que te resulten naturales y útiles.

Sí me voy a permitir una recomendación:

Meditar contribuye a estar en el ahora, a liberarse del futuro y del pasado.

“El ayer es historia, el mañana es un misterio, pero el hoy es un regalo. Por eso se llama presente.”
— Maestro Oogway (Kung-Fu Panda)

Una forma muy sencilla de meditar, en cualquier momento del día y en cualquier circunstancia, consiste, por ejemplo, en tomar conciencia del contacto del cuerpo con la ropa o con la silla; de los sonidos presentes; de los colores de lo que sea que estés mirando; de los sabores que estés probando. Ser consciente de eso, de cada cosa, durante breves instantes, es meditar también, y te pone en contacto con el ahora, con el presente.

Mientras estás haciendo eso, como no podés hacer dos cosas a la vez, no estás angustiado por el pasado ni ansioso por el futuro. Y descansás.

Decime si alguien te propuso antes alguna fórmula más maravillosa.

Subrayo: la meditación es una disposición. Es abrir una ventana interior que no solo permite mirar hacia adentro, sino vivir el afuera sin que te moleste el ruido.

Cuando meditás, a veces cerrás los ojos, y otras veces los abrís de verdad.

Con el tiempo, vas a notar que algo cambia. No es el mundo: sos vos, que empezás a mirarlo distinto. Las cosas siguen sucediendo, pero ya no te pesan: las habitás. El pensamiento se aquieta, y lo que era preocupación se vuelve observación.

Meditar es recordarte quién sos y dejar de pensar quién deberías ser.

Es un regreso sencillo y profundo, el regreso a tu propia presencia.

En todos los casos, es un acto de amor: por vos, por tu paz, por tu vida. Y cada vez que lo hacés, sí, el mundo cambia un poco. Tu mundo.

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