Anexo — Intuición, entrenamiento del sentido común

René Descartes, autor del Discurso del Método, comienza su conocida obra en el primer renglón de la primera parte diciendo algo así como: “Apelo al sentido común del lector cuando lea esta obra. El sentido común, de entre todas las cosas que fueron dadas al hombre, fue la más equitativamente repartida. Prueba de esto es que nunca he escuchado a nadie quejarse de que él haya recibido menos que los demás”.

Descartes era un tipo con buen sentido del humor. Leí el Discurso del Método alrededor de mis treinta años. Me impresionó su demostración de la existencia de Dios: “La suma de los ángulos interiores de un triángulo es siempre 180 grados, por lo tanto, Dios existe”. Irrebatible…

El sentido común se entrena. Se los digo a mis alumnos todo el tiempo. No es el mismo el sentido común de un médico que el de un carpintero o el de un ingeniero. Los tres lo han entrenado en sus oficios de forma diferente. El médico sabrá, siguiendo su sentido común, cómo actuar frente a determinados síntomas de una persona enferma, en tanto que ni el ingeniero ni el carpintero sabrán qué hacer, por más que apliquen su sentido común.

La forma de entrenar el sentido común para una mayor cantidad de finalidades es informarse y estudiar. Y practicar la tarea en cuestión. No hay otro camino, y el expuesto es infalible. Funciona siempre.

La intuición, por otro lado, es una cosa más compleja… pero en su forma más simple —según lo veo yo— es el camino que usa el sentido común para hablarnos cuando no estamos razonando. Así de sencillo.

Luego podremos debatir si la intuición es más que eso. El debate será infinito y no nos llevará a ningún lado puesto que no hay ciencia alguna que la estudie y su mecanismo de funcionamiento es indemostrable.

Les repito a mis alumnos: lean los diarios y estudien, porque como ingenieros deberán tomar decisiones económicas que afectan a su empresa y a sus colaboradores. Esas decisiones estarán mejor informadas en tanto más lean y, cuando no tengan tiempo para razonar, su intuición les dirá qué hacer. Existe el relato de un gerente que se debía jubilar y era muy famoso porque siempre tomaba decisiones acertadas. Su sucesor, invadido de temor por el tamaño de los zapatos que debía llenar, le confesó: “¿Cómo haré? ¿Cómo haré para tomar las decisiones como lo ha venido haciendo usted?” El viejo gerente le dijo: “Te contaré mi secreto. Siempre tenés que llevar un manojo de garbanzos en el bolsillo de tu saco. Cuando tengas que tomar una decisión hacelo rápidamente. Y si no sabés qué decisión tomar, meté tu mano al bolsillo y tomá un grupito de garbanzos. Los contás. Par es Sí, impar es No”. Este relato, aunque resulta simpático, contiene mucha sabiduría. Las decisiones en la industria se deben tomar en el menor tiempo posible, no hay que postergarlas. Y se toman rápidamente usando un sentido común entrenado. Si aun así la decisión no está clara, entonces no importa cuál sea, porque debe tratarse de un tema complejo y en general esos temas tienen salidas complejas. Ese tipo de problemas permiten una solución aproximada y luego ir ajustando en el tiempo, de forma que si era No en lugar de Sí, con el tiempo la respuesta se corregirá y ajustará.

Scroll hacia arriba