Anexo — Estamos programados

Caminamos por la vida como autómatas, somos robots que actúan siguiendo un esquema claramente programado. Estamos llenos de botones puestos a disposición del prójimo: cuando alguien presiona un botón, nos comportamos de tal forma, otro botón, de otra. Las circunstancias que enfrentamos definen mecánicamente cómo debemos reaccionar y actuar. No somos libres, estamos presos. Nos han lavado el cerebro y han puesto en él todas las instrucciones que seguimos día tras día, todos los días, meses y años. Y tristemente, vivimos así, y morimos así.

Es un concepto difícil de leer y más aún de aceptar.

Hagamos una prueba. Si te digo: “Qué linda esa campera que llevás”, te sentís bien, ¿no? Y si te digo: “Qué pasó… ¿te peleaste con el peine hoy? Estás hecho un desastre. ¿Y esas ojeras?”. Te sentís mal, ¿cierto?

Te parece sano pero no lo es. Es normal, es común, pero no es sano. Ninguna de las dos respuestas, primero que nada aquella en la que te sentís mal, pero por supuesto también la otra, porque ambas nacen del mismo tipo de reacción.

Y no termina ahí, enseguida de sentirte mal hacés lo siguiente:

  1. Me culpás a mí por decirte algo que te hizo sentir mal.
  2. Culpás al peine, a tu pelo rebelde y a la alarma del auto del vecino que no te dejó dormir bien.
  3. Te culpás a vos mismo por no haberte cuidado lo suficiente antes de salir a la calle.

Otro ejemplo. Salís de picnic con tus amigos y comienza a llover. Te sentís mal.

  1. Culpás a tus amigos por no haberte hecho caso cuando les avisaste del pronóstico.
  2. Culpás a la lluvia. Sí, lo hacés. Reconocelo.
  3. Te culpás a vos mismo por no haber sido firme con tus amigos, o por haber ido nomás, cuando pensabas que podía llover.

Otro ejemplo. Salís a manejar en la calle y los otros conductores te parecen torpes y agresivos. Te sentís mal.

  1. Culpás a los otros conductores por su torpeza al manejar.
  2. Culpás a la ruta, a la calle, a la policía que no controla, a las normas de tránsito.
  3. Te culpás a vos mismo por no haber elegido otro medio de transporte o por no haber salido en otro momento del día.

Todo esto lo hacés de forma normal e incluso con frecuencia porque fuiste programado así. Cuando eras niño y te tropezaste con fuerza contra una mesa ratona fuiste a tu mamá y le dijiste, llorando y con dolor, lo que había pasado. Tu mamá se acercó con vos a la mesa y dándole palmadas fuertes a la mesa dijo “mala, mesa mala” y vos te sentiste mejor porque la mesa mala había sido la responsable de ese evento. Decime que no pasó nunca…

Y así, con miles de cosas y de personas, todas ellas culpables de lo que te pasaba.

Luego creciste y te dijiste —te dijeron— que debías hacerte cargo de tu vida y que lo que te sucediera desde ahí y en adelante era tu responsabilidad. Comenzaste a culparte a vos mismo. Incluso, a veces, te insultás, improperios dirigidos por vos hacia tu persona. “¿Por qué hice esto? ¡Qué pedazo de … que soy!”. Visto así no es tan saludable, ¿no?

Pero lo hiciste toda tu vida. Son muchos años de repetir este comportamiento y verlo, idéntico, en los demás, confirmando de ese modo que es la forma correcta, adecuada y aceptada de ser y de vivir.

“Y no hay nada tan delicioso como estar consciente. ¿Prefieres vivir en la oscuridad? ¿Prefieres actuar y no ser consciente de tus acciones, hablar y no ser consciente de tus palabras? ¿Prefieres escuchar a la gente y no ser consciente de lo que estás escuchando, o ver cosas y no ser consciente de lo que estás mirando? El gran Sócrates dijo: ‘La vida inconsciente no merece ser vivida’. Qué verdad tan evidente. Pero la mayoría de la gente no vive una vida consciente. Viven vidas mecánicas, pensamientos mecánicos (generalmente los de otra persona), emociones mecánicas, acciones mecánicas, reacciones mecánicas.”
— Anthony de Mello (Conferencia de Fordham, 1986)

Esto que te pasa es fruto de la programación que recibiste, y que recibimos todos, a lo largo de nuestra vida, desde niños. Esa programación es un conjunto de instrucciones que fueron grabadas en tu cerebro —en tu mente— y que tienen más o menos la siguiente forma:

Si pasa tal cosa → reaccionar de tal forma

Esta línea, en el mundo del software de donde yo vengo, es una cláusula IF → THEN formal y clásica, una línea de programación hecha y derecha. Cuando te decía que actuamos como robots, como computadoras, no estaba exagerando.

En el camino de la ejecución de tu programa instalado no hay razonamientos intermedios, es todo automático. Sucede todo mecánicamente. Vos no estás siendo vos, estás siendo tu programa en ejecución.

Qué feo suena, ¿verdad? Bueno, también se siente feo una vez que te das cuenta. Veamos algunas configuraciones estándar de los programas que llevamos puestos y ejecutamos todos los días:

  • Me siento mal → es culpa de alguien más o de algo afuera
  • Discuto con alguien → tengo razón yo, el otro está equivocado
  • Me rechazan → nadie me quiere
  • Me equivoco → no sirvo para nada, soy torpe y tonto

Como ejemplos son suficientes, creo que alcanzan para que captes la idea.

Y entonces, ¿cómo se arregla esto? La desprogramación no es un conjunto de tareas que debas realizar, ni un conjunto de reglas nuevas a programar. ¡Sería una locura! Estarías programándote de nuevo… Lo que hay que hacer es borrar los programas y eso se logra observándote con tiempo y con dedicación. La autoobservación es el gran secreto para resolver este y otros problemas que nos aquejan. Es la gran medicina.

La autoobservación

La observación de uno mismo permite que las ideas falsas caigan por sí solas. Es la manera de que puedas ver a través tuyo, a través de los demás, a través de todas las cosas. Cuando dejás caer tus ideas erróneas sobre todo y sobre todos, sos libre y ahí sí, estás en condiciones de aceptar sin esfuerzo y de amar con honestidad.

“Sin juicio, sin comentario, sin actitud: uno observa, uno estudia, uno mira, sin siquiera el deseo de cambiar lo que es. Porque si deseas transformar lo que es en lo que crees que debe ser, ya no estás comprendiendo lo que es. Ejemplo: el científico que observa el comportamiento de las hormigas sin otro fin a la vista, solo quiere estudiar las hormigas y aprender tanto como sea posible sobre ellas. Y no tiene otro objetivo. No está intentando entrenarlas ni obtener nada de ellas. Está interesado en las hormigas, quiere aprender todo lo que pueda sobre ellas. Esa es la actitud. El día que lo consigas, experimentarás un milagro. Cambiarás, sin esfuerzo, correctamente. El cambio sucederá, no lo traerás tú. A medida que la luz de la conciencia se posa sobre tu oscuridad, todo lo que es malo desaparecerá. Se fomentará todo lo bueno. Tendrás que experimentarlo por ti mismo.”
— Anthony de Mello (Conferencia de Fordham, 1986)

La autoobservación consiste en mirarte a vos mismo como si estuvieras mirando a otra persona. Mirar todo lo que te pasa como si le estuviera pasando a alguien más. No personalizás lo que te sucede, lo observás sin conexión con tu ser.

Me dirás que cómo se logra semejante desafío. Es solo cuestión de práctica. No es en absoluto imposible, de hecho, una vez que comenzás a probar, el ejercicio se hace simple y habitual. Es mi propia experiencia la que te transmito.

Y las programaciones se revelan entonces como lo que son y pierden su energía y se caen, simplemente se caen. No necesitás luchar, no hay que ejercer fuerza alguna en este proceso, es todo calmo y sereno, sencillo y fácil.

Es solo cuestión de empezar y practicar. Como con todo en esta vida.

Te vaticino excelentes resultados. Te vaticino una vida más libre, más liviana y más feliz.

(Visitá también el Anexo — El observador)

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