Anexo — Depresión, una enfermedad
“Hay que estar enfermo para estar deprimido.”
— Carrie Fisher (conocida por su papel como la Princesa Leia en Star Wars)
La princesa Leia nos dice, en una frase irónica y mordaz, que la depresión es una enfermedad. Y punto.
Leerás y escucharás que está deprimido el que se descuida o el que quiere. Leerás y escucharás que salir de la depresión es cuestión de voluntad, de “ponerse las pilas”.
Yo estuve deprimido en tres oportunidades en mi vida, la última gravemente enfermo. Se me diagnosticó una tendencia congénita a la depresión, es decir heredada, y por lo tanto irresoluble hasta que aparezca algún tratamiento médico que pueda modificar la genética humana.
El cerebro es un órgano más del cuerpo. Como el hígado, como el corazón, como el sistema circulatorio, como la piel. Necesita de intricados procesos químicos para funcionar correctamente. Cualquier desequilibrio en su química lo afecta. Hay decenas, cientos de enfermedades vinculadas al cerebro y la depresión es, quizás, la más frecuente. Así como tomás pastillas para la presión o tamsulosina para la hiperplasia prostática, así como te ponés cremas especiales en la piel si se te rompe o la tenés delicada, a veces tenés que medicarte para el cerebro, si resulta necesario hacerlo. Nadie juzga a quien toma una estatina de por vida para prevenir un infarto. Nadie objeta que uses anteojos si ves mejor con ellos. No hay que darle vueltas al asunto, es como es. Las enfermedades se tratan, y la salud se cuida.
Hoy estoy sano y saludable, luego de un largo tratamiento —el último— que duró desde finales el año 2018 hasta mediados del 2021. Asistí regularmente una vez por semana a entrevistas con mi psiquiatra, Jorge Abner, quien muy profesionalmente me diagnosticó, me trató y me medicó modificando gradualmente todo eso a medida que yo progresaba. También asistí a consultas con una psicóloga, Patricia Guerri, quien me acompañó con una terapia relativamente corta, de unos ocho meses. A ambos les estoy tremendamente agradecido de por vida.
Te lo digo en castellano: El médico psiquiatra y el psicólogo (hombre o mujer cualquiera de los dos) son herramientas. Y se utilizan. Están ahí para eso y son terriblemente necesarios y valiosos cuando llega el momento de recurrir a ellos. Cuando tenés que clavar un clavo, ¿qué utilizás? ¿una manzana? No, utilizás un martillo, por más saludables que sean las manzanas. Un comentario más: si alguien cerca tuyo, en tu familia o en tu trabajo, está deprimido, hacele un gran favor: conseguile un turno con un psiquiatra (Máic lo hizo conmigo en noviembre de 2018). Resolvele ese primer paso. Decile la fecha y la hora y acompañalo hasta la puerta en la primera entrevista. Así de importante es este asunto porque la depresión sigue siendo un tema tabú en nuestra sociedad.